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portada Venecia
Ficha del Libro:

Título: Venecia    comprar
Autor: Henri de Regnier
Editorial: Cabaret Voltaire
I.S.B.N.-10: 8493664839
I.S.B.N.-13: 9788493664831
Nº P´gs: 316


Venecia
por José María Herrera

Henri de Régnier fue uno de los autores más célebres de la Francia fin de siècle. Discípulo de Mallarmé, debutó como poeta en revistas simbolistas y cerró su carrera en la Académie, sucedáneo secular de la inmortalidad que le arrebataron Verlaine y Valéry. Como prosista, compuso obras que cosecharon la anuencia popular y cayeron pronto en el olvido eclipsadas por el genio de Proust.

En 1906, publicó Esbozos venecianos, una breve colección de estampas en las que, tomando como pretexto cualquier objeto cotidiano (un tintero, una llave, una taza), recrea la delicada atmósfera de la ciudad lagunar. El resultado es satisfactorio, aunque no resiste la comparación con los grandes maestros del género, Azorín por ejemplo.

Más plausibles son, desde luego, los Cuentos venecianos de 1927. El armazón de estos relatos es siempre el mismo. Alguien va a Venecia de vacaciones buscando reposo para sus nervios. Allí conoce algún suceso extraño ocurrido a personas desaparecidas. Tales sucesos tienen, por supuesto, un aire sobrenatural, numinoso o fantástico, pero el narrador, a pesar de verse involucrado en ellos, los relata siempre con esa claridad tan bellamente cultivada por los franceses. El contraste entre la transparencia del estilo y la turbiedad de los hechos es el mayor acierto de Régnier y quizá el motivo por el que su Venecia –un lugar en el que la belleza surge del cieno- resulta convincente.

Martin Heidegger, que estuvo allí una sola vez, en 1962, observó que la ciudad, una de las más fecundas y vigorosas del mundo, había quedado reducida a la condición de objeto decorativo, mero pretexto para autores escasos de temas. Algo de razón debía tener el filósofo alemán cuando la lista de escritores que ambientan en ella sus relatos no ha dejado de aumentar. Un somero repaso a la producción novelística de los últimos tiempos, incluida la española, bastaría para confirmarlo. No obstante, la fascinación por Venecia es algo más que producto de una carencia. Marca de agua, el libro de Brodsky, lo confirma.

Venecia es una ciudad insólita, a medio camino entre la fantasía y la realidad. A juicio de Régnier, esta es la causa de que siempre haya estado un poco al margen de las convenciones. Ello ha alimentado toda clase de mitos, especialmente desde que cayó la República en 1797, tras mil años de independencia. De la ciudad libertina del XVIII, escenario de las aventuras de Casanova, se pasó luego a la ciudad misteriosa recreada por Henry James o Régnier, y luego a la ciudad poblada de presencias inquietantes y de seres perversos, tal y como la encontramos, por ejemplo, en El placer del viajero, una de las primeras novelas de McEwan.

El estilo de Régnier está lejos del gusto vigente, pero no tanto como para no reservarnos todavía goces profundos. En cualquier caso, el hecho de que Venecia se haya revelado en los últimos tiempos como una especie de palimpsesto inagotable en el que yace oculta una parte esencial de la historia europea le confiere un valor difícil de imaginar décadas atrás. A los mil secretos que guarda la ciudad en sus archivos y en sus obras de arte se añade también la visión de aquellos que la amaron cuando dejó de ser lo que fue. Sólo por eso merecería la pena recorrer este libro.


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