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portada Los Obreros De La Muerte
Ficha del Libro:

Título: Los Obreros De La Muerte    comprar
Autor: Fernando Estrada Laza
Editorial: Planeta
I.S.B.N.-10: 8408037773
I.S.B.N.-13: 9788408037774
Nº P´gs: 432


Los Obreros De La Muerte
por Antonio Ruiz Vega

  Este libro es el testimonio de una larga pasión que comenzó desde la más temprana juventud y que tiene como objeto el Antiguo Egipto. Fernando Estrada Laza, nacido en Barcelona, es arquitecto además de egiptólogo y pertenece, entre otras, a la Egypt Exploration Society de Londres y desde 1997 está excavando en Meidum por cuenta de la Fundació Arqueológica Clos de Barcelona.

Las excavaciones en el poblado de Deir el Medina, que acogió a una comunidad de artesanos ("Los Obreros De La Muerte") que construyeron buena parte de las tumbas del Valle de los Reyes. Una circunstancia afortunada ha contribuido a reconstruir con una precisión desacostumbrada la vida cotidiana de aquellas agrupaciones gremiales de artífices (canteros, escultores, pintores, orfebres, etc) que vivían concentrados en una ciudad murada de estrechas callejuelas y plazuelas de donde, prácticamente, apenas podían salir sino era para trabajar. Este feliz hallazgo consistió en un enorme yacimiento de ostrakones, lajas de piedra o trozos de cerámica donde se escribían todo tipo de cosas, desde listas de la compra, menús, cartas de amor, cuentas, y un largo etc. de una minuciosidad sorprendente. Este archivo inapreciable es la base documental de este libro escrito en un tono informal donde se mezclan las propias vivencias con anécdotas acaecidas durante las excavaciones, recuerdos de otras campañas, etc.

Pero lo que más interesa al lector es sin duda conocer qué pensaban, qué hacían, que pulsiones movían las vidas de aquellos egipcios de hace tres milenios que formaban parte de una cierta élite artesanal comparativamente bien considerados por el estamento del poder. Nada que ver, por lo tanto, con la imagen manida de nubes de esclavos moviendo bloques de piedra, entre otras cosas porque estos operarios de Deir-el-Medina no construían pirámides sino que, sobre todo, excavaban hipogeos en la roca caliza. Hipogeos que luego pintaban y embellecían, aportando algunos de ellos parte del rico ajuar que componía el acompañamiento de los poderosos (y de los no tanto, incluidos los propios artesanos que destinaban muchas horas de sus ocios para construir sus propias tumbas) hacia el más allá.

El relativo buen pasar de los artesanos que aquí estudia Fernando Estrada está reflejado en los ostraka (plural de ostrakón), y muchas veces se deduce que hacían novillos o fingían enfermedades como un colegial o un recluta cualquiera. Por otra parte se les garantizaba por contrato una alimentación adecuada (para la época) e incluso ciertas comodidades, como puede comprenderse al contemplar la planta de muchas de sus casas, que parecen amplias y confortables.

Tal es la identificación de Estrada con sus personajes que en ocasiones llega a lamentar la profanación inevitable que constituye toda excavación arqueológica o el lamentable estado en que se conservan en los museos muchos de estos restos una vez exhumados.

También lamenta (pág. 78) el turismo masificado que se limita a ametrallar con sus cámaras las tumbas e hipogeos llevándose una pobrísima impresión de este mundo que ha cautivado a tantas personas sensibles...

"Coloristas y vociferantes, avanzan aferrados a sus aparatos fotográficos, efímeros ojos y cerebros de plástico y cristal, que son la garantía única del viaje, el objetivo principal. Hay que enfocar, disparar y enlatar todo lo que se pueda y en el mínimo tiempo posible; de lo contrario ¿quién se va a creer que han estado, al fin, en Egipto?".

Una de las cosas que le sorprenden de Egipto es la aparente simplicidad de los objetos, lo que los hace aparecer como muy modernos (pág. 96). Así ve en la pintura egipcia un ancestro del cubismo picassiano, cuando muestra un rostro de perfil donde un ojo mira, sin embargo, de frente.

El trabajo de los canteros no era nada fácil, atacaban la caliza con cinceles de bronce que les eran entregados ritualmente al acceder al tajo y que envolvían en un lienzo para no lastimarse. La caliza era relativamente blanda, pero en ocasiones aparecían nódulos de silex, inmunes al bronce, que debían ser aislados socavando la caliza hasta que podían desprenderse. Otras veces debían dejarlos donde estaban, lo que representaba un problema porque una vez practicada la oquedad enlucían la caliza para pintar encima, pero el estuco no se adhería al silex, por lo que muchas veces debían ingeniárselas para integrarlo en la decoración de las paredes o del techo.

En esta comunidad de Deir-el-Medina, como en el resto de Egipto, la mujer tenía un papel preponderante como señora de la casa, donde permanecía casi toda la jornada. Administraba la economía del hogar y muchas veces jugaba un papel más relevante que el del propio hombre y podía, por ejemplo, desheredar a los hijos.

Gracias a los ostraka no sólo conocemos recetas culinarias del antiguo Egipto, sino numerosos remedios medicinales, como este para evitar los embarazos (pág161):

"Hacer que una mujer deje de poder estar encinta durante un año, dos años, tres años: Vainas de acaca, coloquíntida y dátiles. Se trituran y se ponen en medio litro de miel Se impregnará un tampón que se introducirá en la vagina".

No todo viene en los ostraka, en los museos hay numerosos pergaminos que contienen, entre otras cosas, historias irreverentes o pornográficas, como las relaciones homosexuales entre Seth y Horus que contiene el papiro 10682 del Museo Británico (pág 163).

También son preciosos documentos los propios objetos depositados en las tumbas, a menudo intactos debido a la sequedad del desierto. Algunos alimentos, totalmente deshidratados, podrían recobrar su presencia original simplemente añadiéndoles agua. En otras ocasiones son réplicas exactas de alimento que se colocaban junto al muerto para que pudiera alimentarse su espíritu (ka) si los alimentos verdaderos se deterioraban.

También existía toda una línea de productos cosméticos y no sólo para las mujeres. El papiro Smith (pág 187) contiene un "libro para la transformación de un viejo en un hombre joven.

En la página 194 hay algunos insecticidas caseros que debían ser muy eficaces.

Los papiros y ostraka que contienen palabras de amor son numerosos y vemos allí manifestarse unos sentimientos de tal calidad que debiéramos poner entre paréntesis el lugar común que afirma que el amor, tal y cómo lo conocemos, nació en el Languedoc de los trovadores y minnesangier.

En el sexo la mujer no era precisamente pasiva. El papiro 55001 contiene dibujos que ilustran escenas subidas de tono entre mujeres jóvenes y varios hombres "calvos, ojerosos, mal afeitados y con una mirada de si lo sé no vengo" que se mueven con torpeza mientras las féminas llevan la voz cantante de la coyunda.

El orgullo gremial produjo algunas piezas literarias como la llamada "Sátira De Los Oficios", donde un escriba satiriza a los demás trabajos.

Gracias a las pinturas parietales sabemos de la existencia de algunos juegos como el senet, que debía ser de notable complicación. (pág 216-217). En algunas de estas pinturas se ve al difunto que parece jugar contra sí. Se supone, no obstante, que está jugando contra oponentes invisibles del más allá y suele representárseles en posiciones vencedoras.

Papel fundamental lo jugaban las mascotas. El perro, cuyo descendiente más claro es el podenco ibizenco, y, por supuesto, el gato, que tan frecuentemente ha aparecido momificado, junto a sus amos.

Curiosamente uno de los dioses, el enano grotesco Bes, especie de sátiro de origen incierto (Mesopotámico ¿), asimilado a cultos de fertilidad, pasó al panteón fenicio y es uno de los motivos más representados en la numismática y la cerámica ibizenca...
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