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Camino A La Atlántida: La Senda Del Peregrino
por Francisco Contreras Gil

¿Mintió Platón al construir un relato extraordinario sobre una civilización desaparecida? ¿Qué sucedería si en realidad hubo una cultura perdida cuyos habitantes no se hubieran extinguido en su totalidad? ¿Existe una tradición o enseñanza oculta procedente de un tiempo lejano que quedó resguardada? Y si es así ¿dónde?... Estos son los interrogantes argumentos que el escritor e historiador Mariano F. Urresti en su obra CAMINO A LA ATLÁNTIDA publicada por la Editorial Aladena.
portada Camino A La Atlántida: La Senda Del Peregrino
Estamos de enhorabuena. Acaba de salir al mercado un ensayo que les aseguro no les dejará indiferente. CAMINO A LA ATLÁNTIDA, publicado por la Editorial Aladena, escrito por Mariano F. Urresti, es un trabajo arriesgado, desestabilizador y peligroso para las corrientes ortodoxas de pensamiento. Y es que a lo largo de las ciento noventa y nueve páginas que componen el manuscrito se plantean página a página y capítulo a capítulo muchas interrogantes que hoy en pleno siglo XXI, en la era de las tecnologías y la información, permanecen sin respuesta. Un libro que no es sino una profunda reflexión e invitación al lector para que juegue con su imaginación y sopese la realidad de una Edad de Oro, de un tiempo perdido y remoto, de una época en la cual dioses y hombres cohabitaron y el aparente maldito día que cambió todo.

Urresti -Licenciado en Historia y colaborador habitual del espacio radiofónico Milenio 3 y Cuarto Milenio- como es habitual en su trayectoria literaria se enfrenta a la historia al igual que un maestro de esgrima en combate, a punta descubierta, sin mascara y armado con la afilada espada de los datos e informaciones para intentar vencer la ignorancia y los prejuicios con sagacidad y certero golpe.

No en vano, CAMINO A LA ATLÁNTIDA nace con un provocador enigma: ¿Qué sabemos de nuestro mundo y de nosotros mismos para intentar tan solo pensar que hubiera podido existir una Atlántida?

Si miramos hacia el pasado existen muchas lagunas capaces tal vez de engullir culturas perdidas. La súbita aparición de la escritura, de la agricultura y la cerámica que caracterizó la evolución histórica del hombre neolítico resulta sorprendente. ¿Quién obró el prodigio? ¿Fue producto de una evolución o de una enseñanza impartida por algún desconocido instructor?

“Hubo un momento confuso en la historia de la Humanidad; una época en la podríamos situar cualquier tiempo. Es la época del érase una vez -afirma Urresti en Camino a la Atlántida-. Los esfuerzos clasificadores de los prehistóricos no consiguen arrojar luz definitiva sobre ese periodo que cabalga entre el final del paleolítico, allá por el 10.000 de nuestra era, y el conocimiento del neolítico, alrededor del 5.000 antes de Jesús de Nazaret. La clasificación cronológica tradicional suele aserrar la historia separándola en lotes más o menos similares a estos. Durante el tercer milenio antes de Cristo se desarrollaría en nuestro continente la cultura del vaso campaniforme y la cultura megalítica; en el segundo milenio antes de nuestra era se extendió la cultura del bronce, y en el primer milenio antes de Jesús le llegó el turno al hierro. La historia, echando mano de todas sus armas (arqueología, papirología, numismática, epigrafía, filología...) suele estimar que las primeras grandes civilizaciones florecieron en Egipto, Mesopotamia y la India. Todas esas culturas tenían elementos comunes. Empleo de la metalurgia, escritura, cerámica, uso de ladrillos en las construcciones, orfebrería, ganadería, agricultura y una tosca organización político-social”.

Tal y como podrán descubrir todo los lectores en el trabajo publicado por la Editorial Aladena, la narración lineal de la historia se topa con incómodas realidades que defienden autores de la talla de Knicht o Lomas. ¿Por qué existen más que similitudes entre diferentes culturas? ¿Cómo es posible que existan inscripciones que parezcan de la misma familia cultural separada por milenios en el tiempo y la distancia? ¿Existió una herencia común?


¿EXISTIó LA ATLáNTIDA? ¿MINTIó PLATóN?

No existe una certeza histórica que permita asegurar que la Atlántida, el continente platónico, existió realmente. Y menos asegurar, si es que existió, como desapareció. Lo único cierto es que el relato de Platón parece mostrar quizás una enseñanza.

“El testimonio que Platón recoge en sus Diálogos a propósito d la existencia de la Atlántida parece difícil de aceptar. Sucede que Timeo Platón asegura que Atenas se enfrentó al imperio atlante en un combate que tuvo lugar, asegura, 9.000 años atrás; es decir, hace 11.000 años. Eso es del todo imposible, puesto que Atenas no existía entonces. De modo que debemos preguntarnos de qué hablaba exactamente Platón. A él degustaba ocultar bajo el ropaje del mito la verdad, de modo que tal vez jugó a eso. Yo, trato de entresacar fijándome en un concepto que empleó José Ortega y Gasset: “Las Atlántidas”, entendiéndolo como el proceso de desarrollo, evolución y muerte de las culturas”.

Lo que encontrarán en Camino a la Atlántida no es sino un estudio comparativo de los diferentes mitos entre culturas que hablan de una catástrofe natural que acabó con las originarias deidades. Un tiempo perdido del que hablan dioses y religiones y en el que el hombre era inmortal. Un lugar que tiene como denominador común su extinción y en el que podría quedar el anhelo del hombre por regresar a ellos en peregrinación. Capítulo a capítulo surge la relación que establece una Edad de Oro en la cual el ser humano con respecto a sí mismo y el mundo debió ser muy diferente.

“En el libro, invitó al lector a jugar con la imaginación ¿Y si no todos los habitantes de aquel mundo o Edad de Oro perecieron? ¿Y si hubo supervivientes que llevaron sus conocimientos a diferentes lugares? ¿Serían tal vez tomados como dioses? Ése es el juego. Desde luego, no es una tesis histórica desde el punto de vista científico ni metodológico, cosa que advierto”.


"... para Urresti, todo cuanto rodea al Camino de Santiago está contaminado y esa es la idea que intenta trasladar al lector en su obra. A lo largo y ancho de la ruta jacobea se encuentran parajes donde podría esconderse el secreto"



SEñALES EN EL CAMINO

Y es que en Camino a la Atlántida se plantea la posibilidad de que los conocimientos que los dioses propagaron después de salir de Eteleny, Edén o la Atlántida, llámese como fuere, hubieran sido custodiados y conservados por hermandades discretas.

De hecho, para Urresti, todo cuanto rodea al Camino de Santiago está contaminado y esa es la idea que intenta trasladar al lector en su obra. A lo largo y ancho de la ruta jacobea se encuentran parajes donde podría esconderse el secreto.

“En el Camino de Santiago hay dos tipos de señales. Las flechas amarillas orientan al que hace la ruta exotérica, la aparente, la que tiene coordenadas geográficas. Las otras señales muestran un itinerario esotérico, y tal vez no son percpetibles solamente con los ojos. El libro menciona determinados hitos jacobeos donde se puede ventear el secreto. Generalmente son enclaves donde el culto se ha desarrollado desde tiempos remotos, tal vez porque allí los instructores mostraron alguna de sus habilidades. Para descubrir algunos de esos lugares, lo mejor es que el lector se pasee por la páginas del libro”.

Mariano Fernández Urresti, escritor de referencia dentro del campo heterodoxo español, autor de obras como LOS TEMPLARIOS Y LA PALABRA PERDIDA, FELIPE II YEL SECRETO DEL ESCORIAL o UN VIAJE MÁGICO POR EL CAMINO DE SANTIAGO, además de buen amigo de quien estas líneas escribe y compañero en las lindes de lo etiquetado como misterio, sobrecoge con este trabajo editorial titulado CAMINO A LA ATLÁNTIDA. Un manuscrito, excepcionalmente documentado, en el que muestra algunas pistas, reseñas, datos, informaciones y lugares en los que podría haber quedado una enseñanza oculta además del posible fin de un ciclo desde el comienzo esta aventura literaria que da comienzo frente a un sarcófago del siglo XIV en la iglesia gallega de Santa María de Nova.

“En esa iglesia, a la izquierda de la puerta de entrada, hay una curiosa sepultura en la que se lee una inscripción sin sentido aparente: SADAVITSE ED NAOI. Para descubrir la identidad del muerto hay que leer de atrás adelante: Ioan de Estivadas. Y me pareció que era una metáfora magnífica de lo que yo quería contar en el libro, puesto que entender el enigma había que empezar a pasear desde el presente hasta el pasado para luego regresar a nuestros días. Y es que la idea central del libro es precisamente ésa: la historia es cíclica”.


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